ESTADISTICAS MOTIGO

domingo, 11 de enero de 2009

S-TIE-CHI Y BARON TERCERO: LOS PROSCRITOS

En el TERRITORIO hay amor por los animales...como no? si somos todos ecológicos a ultranza. Los amamos, los cuidamos, sufrimos por ellos, los defendemos. Es emocionante percibir cada cierto tiempo las manadas ululantes de perros que transitan sófregamente atras de una perra en estro. Caminan noche y día y se cruzan sin pudicia. Después de un tiempo aparecen perritos que se regalan en la portería de nuestro TERRITORIO. Siempre hay algun sufrido que se lleva amablemente alguno a su propiedad en donde permanecerá arrancándose cada cierto tiempo (una vez que se hace adulto), para aumentar, a su vez, las jaurías que circulan tras las perras en celo, las cuales harán nuevos perritos, que irán nuevamente a la portería a provocar la conmiseración de otros ingenuos (los anteriores, a estas alturas tienen mas que claro que nunca más fungirán de benefactores de perros), cerrando un nuevo círculo. Como nuestros cercos en general son hechos en base a débiles mallas ovejeras (alambres entrecruzados), los mismos son un muestrario de remiendos de tablas, palos, ramas secas, cartones, piedras, o cualquier material que sirva para taponear los hoyos que nuestras queridas mascotas realizan cada vez que toman la decisión de reproducirse. Pero los amamos, sin duda. En mi caso, pese a mi conciencia de este amor he pasado mas de algún mal rato debido a la notada afición de mi Chow-chow, por los gatos callejeros, los cuales le provocan un frenesí inexplicable, y a la simbiosis y hermandad sorprendente en que viven S-TIE-CHI , el Chow-chow, y BARON TERCERO, el perro mas inteligente y decente que alguien pueda imaginar.

S-TIE-CHI, un perro Chow-chow de linaje puro, elegante, lengua negra, llegó por avión desde una ciudad del Norte. Fue regalo de mi hermano, provocando los celos indignados de mi padre que en ese entonces se encontraba convaleciente de una terrible e inesperada cirugía, que nos hacía a todos correr a atender cualquier demanda que él tuviera, como una compensación amorosa a sus dolores que en el momento los sentíamos como nuestros. Desde el inicio S-TIE-CHI, adoptó la costumbre de estirarse cual una alfombra frente a cualquier puerta en donde percibiese algo humano - una voz, un olor, un sonido. Allí permanecía aparentemente indiferente con los ojos cerrados, el cuerpo abierto en cruz pegado al suelo intentando refrescar su acalorada panza. Mi padre, un hombre bueno como pocos, cada vez que salía de la casa a dar un pequeño paseo de rehabilitación apoyado en un bastón, se encontraba con esta especie de cuero peludo tendido frente a la puerta, sin inmutarse. Le daba un pequeño toque con el bastón y le soltaba con el máximo desprecio posible: "que haces aquí?...CÚCO!", intentando manifestar un desagrado profundo, que en el fondo no sentía. Luego lo rodeaba y seguía su camino, no sin antes reclamar porque según él, que por aquella epoca andaba rodeado de mimos: "desde que este perro llegó ya nadie se preocupa de mí, deberían devolverlo".




Pero en fin, cuando S-TIE-CHI, tenía seis meses RAMBO, un feroz perro policial, lo atacó fieramente en circunstancias que paseábamos amablemente por el sector. RAMBO lo sacudió en el aire por minutos interminables agarrándolo de la piel peluda - la cual atenuó el posible daño. Sin embargo el Chow-chow jamás olvidó. Se alió con nuestra otra mascota, BARON TERCERO, una mezcla indefinible de policial con labrador y probablemente con 20 razas más. BARON TERCERO llegó a la casa cinco años antes que el Chow-Chow. Nuestro anterior perro, BARON SEGUNDO, había desaparecido sin que nadie supiera como, y para pasar la pena fui a una casa cercana en donde regalaban una camada de quiltritos amarillos. Eran siete bolitas peludas y los dueños, ansiosos de librarse de una boca que alimentar, me ofrecieron uno, el mas bonito. Yo esperé, observé un poco y vi otro, no tan lindo pero que se agitaba, mordisqueaba a los otros y jugaba entusiasmado. Me dije," este parece ser muy inteligente", y no me equivoque. 

BARON TERCERO tomó al recién llegado Chow-chow bajo su tutela siéndonos posible observar admirados la forma en que el quiltro le enseñó al de raza a defenderse. Lo entrenaba todos los días. Jugaba a acecharlo y luego lo atacaba mordisqueando bruscamente sus patas y cuello. Lo hizo una y otra vez hasta que el Chow-chow entendió que allí estaban los puntos débiles del enemigo. La fortaleza principal del Chow-chow está en su pelaje tupido, largo y con la piel llena de arrugas. Debido a esta ventaja, cuando S-TIE-CHI sufría una agresión, generalmente salía apenas con el pelo mojado con la saliva de su contrincante, en cuanto su enemigo casual volvía a su casa en estado de shock, agotamiento total, desorientado, sin saliva y frustrado porque los colmillos no conseguían pasar del cuero del Chow - Chow. Sin embargo, después de algún tiempo, S-TIE-CHI comenzó a llegar de sus correrías en compañia de BARON TERCERO, con mordidas en el hocico o los ojos, sus lugares vulnerables -los otros perros también desarrollan sus estratégias, claro. Esto, junto con los comentarios de algunos vecinos, nos hizo saber que entre los dos se habían transformado en los jefes del sector. Los vecinos comentaban divertidos que parecían Don Quijote y Sancho Panza. BARON TERCERO es flaco y estilizado, S-TIE-CHI es peludo, bajito y parece gorducho -es solo la impresión que pasa con su peludéz y arrugas. Los dos caminaban por el camino principal con un pasito erguido, arrogante, y cuando S-TIE-CHI veía a RAMBO, su primer verdugo, corría con la máxima velocidad de sus cortas patas a atacarlo con una fiereza asombrosa dado su tamaño. RAMBO a su vez emitía sus ladridos mas intimidantes en cuanto corría a perderse sin ninguna dignidad, para no ser atacado. Ya había tenido lo suyo anteriormente y sabía que S-TIE-CHI jamás lo había perdonado.



Y así fue como los dos perros se acostumbaron a dar un paseo diario de mas o menos quince minutos dejando a su paso una estela de ladridos de otros perros que no se resignaban a entregar el liderazgo de la zona, pero que asumían que los dos eran valientes y uno de ellos casi invulnerable debido a su coraza de pelos. 

En uno de los paseos el Chow-chow descubrió que existían seres vivos llamados gatos y su excitación no tuvo fin. Corría todos los días tras cinco gatos callejeros que andaban por encima de los muros de adobe, a la entrada del TERRITORIO. Saltaba emocionado tratando de alcanzar, sin éxito, cualquiera de los gatuchos que desde arriba se divertían desdeñosos, provocándolo, parando el pelo y maullando escandalosamente. Hasta que un día...pasó algo simplemente terrible: uno de los gatos se cayó, y el Chow-chow resolvió aprovechar la oportunidad. Siguiendo su instinto, lo mordió solo una vez, y lo hizo pasar a mejor vida. Una vecina, amante de los gatos callejeros, llegó a mi casa para encararme y decirme con voz alterada y descontrolada que yo era la responsable de la muerte del gatucho por mantener en la calle a perros "asesinos". Traté de defenderlo argumentando el hábito de provocación de los cinco felinos y su actitud de ridicularizar al Chow-chow cada vez que este tentaba infructuosamente alcanzar, con sus cortas patitas, a los miserables que protegidos en el alto de los muros o las pircas se reían de sus empeños -los Chow-Chow, para mí es evidente, tienen en alta estima su linaje. No sirvió la defensa ante la histeria desatada de la vecina, la cual se aprovechó y me cobró todos los costos que estimó conveniente, de medicamentos y consulta al Veterinario que había generado el ya cadáver del gato callejero. Allí, enfrente de vecinos que asistían a la denuncia pública del crimen, no me quedó otra opción que pagar las costas totales del acto criminal de S-TIE-CHI para salvarlo de un linchamiento público inminente pues me advirtieron que, varios vecinos - amantes de los animales - se juraron dar muerte al peludo apenas lo pillaran desprotegido y en descampado.

Pasó el tiempo, y después de muchos cercos reparados, de muchas perritas en celo y de mucho ejercicio de marcar territorio por los caminos cercanos, llegó una semana fatídica, antes de la última Navidad, en que los efluvios hormonales y el encanto especial de una perra en estro hicieron que día tras día, noche tras noche, BARON TERCERO y S-TIE-CHI usaran su cabeza y patas para romper una y otra vez las cercas de la casa para incrementar la leva y disputarse a la coqueta. En la disputa de favores sexuales de una perra no hay amistad, ni vecindad, ni parentezco que sea reconocida entre los perros. Sus razonamientos son básicos: "se reproducen ustedes... o yo". Tan simple como eso. Es así como S-TIE-CHI comenzó por desconocer la amistad que mantenía desde cachorro con ROCKY, el perro de Valeskina, una vecina que administra tiendas de artesanía tras la cerca del lado norte de nuestras casas. Y es así como nuestras mascotas, en la fatídica semana, se encontraron en la calle, a la salida de una escuela y S-TIE-CHI zurró sin piedad a ROCKY en presencia de su dueña, la cual me lo comunicó manifestando su indignación por el hecho de que mis perros se encontraban sueltos en la calle (es muy interesante aquí notar que el perro de ella estaba también suelto en la calle y no obedecía órdenes. Si así hubiese sido, todo habría sido mas fácil para todos. Pero enfin, esto no es parte importante de los hechos terribles que acaecieron posteriormente y que proyectaron sobre nuestras vidas, humanas y perrunas, la sombra de una tragedia tan dolorosa como inevitable). Declaro aquí desde luego que probablemente yo, en similares circunstancias, hubiese presentado mi reclamo de igual modo a Valeskina si su perro, y no el mío, hubiese sido el ganador.

Tomadas las providencias del caso - reparado por eneagésima vez el hoyo practicado en las cercas destrozadas por el afán lúbrico de los perros. 
Henos aquí que días mas tarde, aparece muy temprano Valeskina en el cerco, frente a mi casa, gesticulando con aspecto de indignación suprema, siendo que yo solo oía en parte las palabras que a los gritos pronunciaba para adentro de mi propiedad,"...perro, ....consiguió!....advertí!...matar!!". Como en el momento me encontraba ocupada con una emergencia de salud, que afectaba a mi madre nonagenaria, le hice saber a la distancia que estaba muy ocupada en ese momento y que me diera un tiempo, con lo cual ella se retiró indignada. Minutos mas tarde salía yo en en pos de ella para informarme de los motivos de su rabia. Encontrela a la salida de las tiendas. Quise enterarme del problema y es allí en donde con horror recibi el relato de que mi peludo, tan amado por todos - tengo que decir que el Chow-chow es un dulce con los seres humanos, se deja acariciar sin problemas (excepto por Washington, un vecino, biólogo, norteamericano, amante de los animales que tiene cinco perros policiales, los cuales interactúan permanente con él, lo que motiva que S-TIE-CHI lo confunda con otro de ellos debido a que sus ropas estan impregnadas del olor de sus mascotas), y mantiene una actitud de permanente indiferencia con todo lo que huela a hombre o mujer, excepto nosotros, los de la casa, con quienes mantiene relaciones de amor explícito, algo inusual en los de su raza, quienes son mas bien llegados a un comportamiente autista con sus dueños; como decía, me entero con horror que esa mañana, aún mas temprano, se habían encontrado S-TIE-CHI y ROCKY y decidieron resolver sus pendencias por los favores de la perra de turno en un duelo a muerte. Es así como se batieron en una sangrienta pelea, la cual fue definida por S-TIE-CHI con un método que me sonó tan cruel con el pobre ROCKY que, en el momento, no pude menos que comprender la terrible sentencia que Valeskima estableció y me comunicó para nuestras mascotas: "cuando vea a cualquiera de tus perros, los mataré". S-TIE-CHI había recurrido a un expediente sorprendente, cruel, malévolo e inaceptable para cualquier civilizado: mordió la genitália de Rocky y consiguió que este se desangrara hasta morir. Me puse enferma!, como no?, ante la crueldad informada. Sin embargo poco después comprendía la perruna realidad, al ver el Chow-Chow con un ojo casi desorbitado y con pedazos menos de su lanudo cuero, y al constatar que se mantuvo tres días sin moverse ni comer. Era evidente que el Chow-Chow apenas ejerció, de la única forma que él sabía, su derecho a ser el macho alfa en la disputa por la perrita que los estimulaba hacía días con sus efluvios, que esparcía por el aire en las noches estrelladas del TERRITORIO. Sin embargo, el Chow-Chow, al dejarse llevar por su instinto se condenó a ser un proscrito junto con su amigo BARON TERCERO.

Desde aquel nefasto día, y una vez proferida la cruel sentencia, Don Quijote y Sancho Panza pasan los días con vigilancia estricta y nosotros, sus dueños, tenemos una vida con ribetes de angustia día tras día, cuidando permanentemente los cercos, para resguardar sus vidas amenazadas por personas buenas, que en el TERRITORIO se definen como amantes de los animales, y que tienen la sincera y firme convicción de que nuestras mascotas se unieron fría y racionalmente, en un contubernio despreciable, para planificar odiosamente como librarse de ROCKY.

Si bien estoy de acuerdo en que los animales a veces demuestran una inteligencia sorprendente, me pregunto...no será mucho Lucho?


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